miércoles, 12 de junio de 2013

Visible

Al amanecer soñaba con estrellas y con la libertad. No entendía el porqué estaba entre aquellas paredes. O, al menos, jamás quiso saberlo. Hoy era un día diferente, el día que había acariciado en sueños noches atrás. Se despedía de aquel lugar, de aquellos niños, los que estaban y los que marcharon. De los educadores con los que había compartido buenos y malos momentos. Con los que descubrió los límites y la fronteras del apego. El odio y el amor. Hoy era el día que marchaba y así lo indicaba su armario vacío, su sonrisa en la cara, sus lágrimas invisibles en el corazón. Algunos tutores estaban allí en aquella puerta que, a veces, había querido romper. Miraba al despertado día y recordaba las noches pasadas, vividas en soledad o en la compañía extraña, invisible de aquel centro que dejaba atrás. Marchaba para no volver jamás a depender de ellos, para lo bueno y malo. Volvía a ser visible, como cuando tenía cuatro años y aún no había ingresado en este lugar. Lloró antes de entrar en el baño, recordando aquellos duros momentos y sabiendo que aquellas lágrimas se convertirían, con esfuerzo y amor, en una de sus mejores sonrisas. De aquellas que no existen ya, como él.

(Texto que surge de una frustración y de la canción "¡Corre!" de Jesse&Joy. Os dejo enlace)

sábado, 11 de mayo de 2013

Paréntesis imposible

La cerveza depositada en el culo de la verde botella se desliza hasta su garganta con la suavidad de quien roba el primer beso de amor. En su cabeza, la imagen de los ojos cerrados y el miedo al qué pasará, le impiden disfrutar del gusto. El cristal aterriza en el posa vasos del mismo color de la botella que protege la mesa de madera oscura del bar. Ella lo mira con la delicadeza con la que se observa el amanecer en el mar o las estrellas en la montaña. Sus ojos también son verdes. Su sonrisa, delicada como la brisa que se levanta en primavera.
  Les queda otra noche, ésta. Y los dos no se quieren preguntar qué pasará después. Prefieren hablar y escuchar las canciones que llenan los huecos del bar dónde se encuentran. Dos días atrás, cuando ambos habían subido por separado hasta el hotel de montaña, no se conocían. Ahora, habían cruzado esa fina línea en que todo se mezcla y se remueve que recuerda a los yogures de fruta. Ella le sonríe un chiste que acaba de ocurrírsele y le acaricia la mano, con la suavidad con la que descienden las hojas en otoño. Aunque el bar está lleno, a ellos sólo les importa su mesa y las canciones que recorren, a escondidas, el paso del tiempo en esta mesa.
 Abandonan el bar y sus recuerdos para adentrarse en el hotel. No se cogen de la mano, simplemente se acompañan y ríen conjuntamente. Suben en el ascensor que les llevará a la quinta planta. Por primera vez, se sienten observados por sus propios reflejos. Al abrirse las puertas metálicas, el tiempo se les tira encima como los restos de un edificio al caer tras un terremoto. Sus corazones galopan en su interior como si acabaran de nacer. Sienten que sus latidos se escuchan por todo el pasillo de la planta. Se miran y sus miradas se entrelazan, mezclándose sus colores y creando uno de nuevo, único, el suyo. No se besan, aunque ambos lo desean.
  Se despiden abrazándose. Son sólo unos segundos que parecen estirarse y no acabar. Ambos secan sus lágrimas al desvanecerse sobre sus rostros. Ambos saben que lo suyo es imposible, que es un sin sentido creer en él. Fuera de este consabido y estereotipado paréntesis, les queda su mundo real, aquel que se comprometieron respetar, el que no provoca sueños ni lágrimas.
  Las puertas se cierran. El silencio se apodera del pasillo. Suenan dos móviles. Se escuchan conversaciones familiares, del mañana y de cuanto te he echado de menos. Se habla de horas y reencuentros. Y después resta el silencio triste de los sueños inalcanzables.

(Este texto nace de una tristeza y del casual encuentro con la canción "Impossible" de James Arthur. Os dejo enlace):

miércoles, 27 de marzo de 2013

Final


Hay finales que jamás debieron empezar. Uno de ellos es éste. La bruma del baño me envuelve y espero que se aclare para reflejar mi cuerpo desnudo y mojado. Lo recuerdo y no desaparece de mi interior. Las lágrimas brotan de mis ojos azules, como salpicaduras de olas sobre la roca. El dolor me envuelve y me arrodilla sobre la alfombra antideslizante cuyo tacto es húmedo. Mi espalda dibuja una duna solitaria en el desierto que representa ahora mi baño. Sollozo. Sigo sollozando. Grito un porqué que se aleja por el respiradero, por el inodoro, por los diferentes desagües que me rodean y se hace cada vez más lejano, convirtiéndose en susurro. En silencio. La bruma desaparece junto con la humedad de la ducha finalizada. Me incorporo y dejo caer el albornoz que protege mi cuerpo. Me reflejo en un recién descubierto espejo. Veo mis lágrimas recorrer mi rostro, envolviendo mi mirada, mi no sonrisa. No me reconozco. Por un momento, creo que no soy yo, que no ha ocurrido, que él no me ha dejado. Pero entonces, veo los dos anillos en mi dedo anular y recuerdo el accidente, su sangre y la llamada de la policía preguntando por mí y si era su esposa. Y las lágrimas vuelven a inundar mi rostro, el espejo y mi corazón. Afuera me espera un vestido negro que este indeseable día olerá a sal.

 (Texto que nace de la canción de Jesse&Joy "Me quiero enamorar" que escuché la primera mañana oficial de la primavera. Espero que os guste)


miércoles, 20 de marzo de 2013

Soñar una vida

Veo sus pequeños brazos e imagino el sonido de una canción que me provoca el llanto. Miro sus ojos cerrados, durmientes, y los míos, cansados y sabios, se preguntan por el misterio de la vida, del amor. Y luego la miro a ella, dormida, descansando, soñando con metas alcanzadas, con mágicas peticiones de algo que anteriormente había sido una quimera, parecida a la del Santo Grial. Repito, en mi soledad oscura, las estrofas de esa canción y mi corazón se acelera. Él se mueve rozando la suave sábana que lo protege. No sé si por el cansancio, por las emociones vividas unos instantes antes, por nuestra historia pasada, rompo a llorar sin reconocer el porqué de todo. Ella despierta y me mira sin mirarme. Me ofrece su mano cansada y marcada por la medicación. Le entrego la mía y me sonríe. Acaricia mi piel volviendo a cerrar sus ojos poco a poco. Su voz suena en la sala dormida como una pequeña luz protege a un bebé de la oscuridad para decirme: "Es amor, cari. Lo que estás sintiendo es amor. Déjate llevar por él y disfruta de este momento. Su recuerdo es para siempre".

(Relato que nace de un nacimiento que en estos momentos se está produciendo y de la inolvidable canción de Nightwish "While your lips are still red". Espero que os haya gustado. Os dejo vídeo).





miércoles, 27 de febrero de 2013

Retratos

- ¿Cómo era su música? ¿Qué expresaba?
- Era la fuerza, la incontinencia verbal, la lucha, el presente, el no futuro. Era la mierda.
- ¿Cómo era su vida? ¿Qué era lo que más anhelaba?
- La puta fama. Eso era lo que deseaba. Quería mantener sus adicciones, sus universos inexistentes.
- ¿Te amaba? ¿Deseaba, realmente, ser padre?
- Una vez lo dijo en una entrevista, eso último que has dicho. ¿Si me amaba, dices? No lo creo. Sólo me follaba ya está. No había nada más.
-¿ Porqué piensas así del hombre con el que has compartido tu vida durante los últimos tres años?
- Y porqué no puedo hacerlo. Porqué se haya matado tengo que hablar bondades de él. ¡Y una puta mierda! Si he aceptado esta puta entrevista es para decir la verdad y no un país de maravillas que jamás existió.
- Pero es el padre de tu hija...
- Pero que dices, gilipollas. Él sólo me la metió y ya está. Como tantos otros. Follaba de puta pena, excepto cuando estaba colgao, por la mierda que se metía.
- ¿Lo mataste por dinero?
- No.
-¿Qué crees que ocurrió?
- Se suicidó. Se largó de este puto mundo. Creó una leyenda. Se convirtió en un mito de mierda. Su música, a la que odiaba, ascendió al firmamento de los plagios, de la música a escuchar. No se soportaba ni a él mismo. Era un jodido músico colgado de la heroína que no deseaba otra cosa que seguir pinchándose. Eso sí, tenía talento y una sensibilidad única para este mundo de Oz en el que vivimos.
- ¿De verdad que no lo mandaste matar?
-No.
-¿ Y ahora qué?
- Ahora lloraré por él, dejaré la música, probaré con el cine e intentaré que a nuestra hija no le falte de nada, que no sea como él fue o que acabe en un correccional como me ocurrió a mí. Lloraré por él, por sus ideales, por lo que ha dejado en este mundo. Por aquello que no me dio, que es mucho. Esto durará un tiempo, no toda la eternidad y luego todo volverá a su cauce...
- ¿Alguna cosa más que decir sobre su homicidio?
- ¡Vete a tomar por culo!

(Un último retrato. Un pequeño intento de crear una adivinanza. ¿ Sabéis de quienes hablo?. Aunque no sirve de pista, este texto lo he construido con la música de Katy Perry y su Wide Awake. Os dejo enlace. Espero que os guste y lo adivinéis)


martes, 19 de febrero de 2013

Trazos


Me acaricia dibujando un rostro que desconozco. Que me es invisible, inexistente. Su caricia es suave, dulce, de tonalidades distintas. Me sonroja, aunque eso me parece imposible en estos momentos en los que limita mi nuevo rostro. Desaparece un instante que me parece eterno. Vuelve para reseguir la sombra de mi mirada. No me lo puedo creer. Me siento despertar. Acaricia mis pestañas, cejas y da profundidad de mar a mis ojos. Le veo. Veo el estudio donde nos encontramos los cuatro. Vuelve a alejarse, a darme la espalda. Presiento que volverá a ser un instante, unos segundos... Y acaricia mis labios, construyéndolos con delicadeza y firmeza. Su seguridad me atrae, me desborda, me siento revivir, como si antes de su presencia, no hubiera existido jamás. Lo besaría si pudiera. Lo amaría en la oscuridad si me deseara tanto como yo a él. Pero sueño, sólo sueño algo que no va a ser posible, algo que no forma parte de mí, ni siquiera de él. Se debe haber dado cuenta de mi tristeza, me repasa la mirada con una dulzura tal que recuerda a la caída del pétalo de una rosa sobre la tierra. Me da color, amor, vida. Me regala sueños cargados de utopías. Promesas que jamás se cumplirán y sólo permanecerán entre las esquinas de este estudio. Susurra en mis oídos. No son palabras de amor, ninguno de los dos podemos hablar, no estamos hecho para eso. Pero yo me las imagino y eso me llena de felicidad.
  De repente, las caricias y los susurros desaparecen y mis nuevos oídos escuchan las viejas palabras de siempre, con la misma voz y, si pudiera criticar, con la misma expresión de años de oficio y de saber creativo.
- ¡Aquí tienes tu retrato! No puedes negar que he conseguido captar tu mirada, tu esencia.

Al apartarse, me ví acercándome sorprendido por la belleza de lo que estaba viendo.

(Texto que surge de un reto y de la canción "Stay" de Hurts. Espero que os guste. Aquí os dejo el enlace)


martes, 22 de enero de 2013

Imprevistos


Descubres una foto que ya no esperabas encontrar. Una imagen que forma parte de ti. La miras y buscas huellas escritas en su dorso. Recuerdas que no eres de esos, que no marcas las fotografías con una fecha o una frase curiosa. Tu memoria intenta recuperar aquel momento que te observa sin fisuras, sin roturas. Sin miedo. Tus manos tiemblan y se dispara tu corazón. Todo empieza como el arranque de una locomotora en la estación, que va poco a poco acelerando hasta que se desborda. Esa locomotora eres tú, al reconocer lo que sucedió entonces. Cuando la imagen narra una historia. Cuando los colores recuperan diálogos y los objetos se convierten en música. Cuando olvidas el objeto que sujetas y recuperas lo vivido, la fotografía se convierte en el instante que envolvía aquel momento perdido en el fondo de un cajón. Escondido entre recuerdos polvorientos del pasado. Encerrado en una caja de madera, junto a otros objetos sin valor que en su momento fueron tesoros dorados, que dieron sentido a una fantasía que la Nada se engulló. Y, ahora, entre lágrimas y recuerdos que jamás fueron olvidados, te la devuelve a tu tediosa realidad, despertando la falsa idea que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que la libertad es un valor a cultivar. Y que el amor es una invención del hombre para no sentirse solo. Y rasgas el recuerdo, creyendo que el dolor desaparecerá y te das cuenta que no es así. Que todo se agudiza y que nada del presente tiene sentido. Lanzas la caja encontrada y se esparcen fragmentos de ti por una habitación que parecía no existir hasta entonces. Y todo se oscurece. Y nada tiene un sentido. Salvo el que quieras ofrecerle. Desesperado, cierras los ojos e intentas no envolverte de recuerdos. Hasta que te duermes. Hasta que duermes. Duermes...

(Texto que surge tras escuchar la canción de Andreu rifé "Fil de llum". Os dejo el enlace. Espero que os guste)