Los diferentes fragmentos y sombras que componen la oscuridad me abrazan. La melancolía me vence y me regocijo en ella para desaparecer un tiempo indeterminado. Lágrimas oscuras recorren mi rostro. Me tumbo en el suelo frío de piedra y musgo, de hiedra y mármol, soñando con despertar algún día. Mis alas se cierran. Un grito de dolor recorre el cementerio. Sólo espero a que la eternidad me requiera.
(Este texto surge de una mala tarde y es un pequeño homenaje creativo al disco de Paradise Lost "Host"(Huésped). Espero que os guste).
Despierto en una cama que me extraña y no reconoce el peso de mi cuerpo. No logro situar cómo he llegado hasta aquí. Noto cansancio en mi espalda y el vacio de una silueta arrugada a mi lado. ¿Quién será? Mi piel huele a noche. La cabeza me baila mientras escucho el sonido de una ducha encendida. ¿Estará allí? Fuera es madrugada y la luz del nuevo día juega al escondite con las estrellas. ¿Qué ha pasado esta noche? Más allá de la desconocida cama, sólo veo ropa amontonada en una silla. Recogida y resituada en un intento de poner orden a una anónima locura. Al descubrir mis calzoncillos en ella, soy consciente de mi desnudez. Sigo sin recordar qué pasó. Decido que sólo existe una forma de averiguarlo: levantarme y dirigirme al baño. Me incorporo y mis pies perciben la frialdad del suelo. Un escalofrio recorre mi cuerpo.En un sillón me espera un albornoz blanco de hotel. Me lo pongo,junto con unas pantunflas que habían en la cama y me dirijo hacia el sonido que reproduce el teléfono de la ducha. Me rodea una gran cristalera que me refleja sobre los edificios más altos de la ciudad dormida.Abro la puerta del baño y me encuentro con la cortina de la bañera corrida y ninguna sombra en ella. Otro escalofrio recorre mi cuerpo y empiezo a recordar parte del sexo compartido esa noche.Pero me sigo preguntando cómo era ella. Me acerco a la cortina, sin fijarme en la nota escrita en el espejo del baño. En rojo de labios, las palabras que no leo,me anuncian lo que observo al retirar la cortina. Mi grito ahoga el sonido de la ducha y la luz del amanecer surge definitivamente de su escondite.
(Este texto surge de la canción de Minimal 21 "El dia que Dante va baixar a l'infern i es va trobar amb la Divina comedia". Os dejo enlace.)
Camino perdido entre palabras ausentes y otras que se concentran en mi mente. Deambulo por calles desconocidas que en mi pasado eran reconocibles de noches en qué formaba parte de ellas. Pienso en cómo he llegado aquí y sólo recuerdo el cansancio de mis pies y el peso de mi alma. Me siento extraño en un lugar conocido. Un animal solitario en la manada. Observo el cielo estrellado y revivo imágenes de sueños perdidos, olvidados por el paso del tiempo. Recupero el sabor de un beso anónimo, la caricia de una madre muerta, la palabra de un hijo al verte llegar a casa...
Entre cartones sólo se puede vivir de lo que no eres. Entre cartones sólo puedes esperar a qué algo ocurra. Entre cartones cierras los ojos y no sabes si al día siguiente los abrirás. Entre cartones tienes prohibido llorar por tu pasado. Entre cartones pocas veces sonríes y si lo haces es que sabes que has dejado este mundo, que has abandonado, que has caído derrotado. Entre cartones duermo sin esperar un mañana, sin soñar con un abrazo, pretendiendo recuperar el cansancio de los días pasados, de los días olvidados, de los días que no existieron. De los días que fui alguien para alguien. De esos días que desaparecen como lágrimas en la lluvia y se convierten en instantes de vida. De esos días que ya no puedes tener cuando vives entre cartones y deambulas por la vida como una alma en pena.
Cierro los ojos y sueño con la vida que no fue. Con la familia que no tuve. Con el trabajo que jamás perdí y sonrío sabiendo que esa vida no fue mía. O al menos es lo que creo.
(Este texto surge de la canción de Soul Asylum "Runaway Train". Os dejo el enlace)
Lágrimas heridas entre la lluvia. Historias diluidas en la tormenta. Amores
perdidos en las sombras del rayo. Silencio roto tras el golpear del agua sobre
la tierra. Segundos vividos, perdidos, enterrados por el devenir del temporal.
Y, al final, el Sol, la esperanza, el regreso al orden, el nuevo día que
plantea nuevas lágrimas en la futura lluvia.
(Texto que surge de una imagen,de un recuerdo. Os dejo pensar la imagen y desear que os guste).
El espejo me obseva cada mañana y me habla de ella, sin decirme nada. Me habla de sus arrugas, de su pelo canoso y de sus manos que tiemblan al cepillarse el cabello. Me chismorrea parte de su pasado y reímos juntas recordando esas historias. A veces, me comenta cómo le queda tal vestido con aquel complemento. En muchas le hace cambiarse de vestuario. Su silencio me acompaña y su sonrisa me satisface. De hecho, me asustaría mucho que algún día llegara a hablar o pudiera escuchar su risa. Permite que vea más allá de mi espalda y que pueda reconocer qué bien me queda un zapato. La ha visto sonreír y llorar. Amar y lamentarse por la pérdida del ser querido. La ha visto ser madre y enviudar. Y todo esto me lo dice el espejo cada mañana. Pero un día, sin previo aviso, ella desapareció, dejando a un espejo viejo y vacío sin su reflejo.
(Es un ejercicio más. Un intento de mirar más allá del espejo, de las cosas. Espero que os guste).
A través de la ventana, escucho el grito del mar sobre la arena. Enajenado, embravecido salta sobre las rocas, rodeándolas de sal. Fragmenta el cielo en pequeñas gotas de agua, como si quisiera dejar de ser mar. Siento el frío que hay en el exterior y observo el viento que lo mece todo. Una lágrima muere a mis pies. Observo la mar desde mi ventana. Veo un segundo reflejo en ella: una soga baila sola en el techo de mi habitación, esperando a que alguien le acompañe. Imagino al pequeño taburete sueco en el suelo que, en ocasiones, me ha servido de escalera, mirándola expectante. Vuelvo a oír el grito del mar herido y el segundo reflejo desaparece de mi vista.
Entonces la veo, bailando sobre las olas.Creo que es una visión que me provocan las pastillas que he tomado. No puede estar ahí. no puede ser ella. No me ha perdonado. Pero la veo, como si fuera una sirena, bailando con las olas de un mar enloquecido, enamorado.
Abro la ventana y el viento, mezclado con la sal, golpean mi rostro y queman mis heridas. Los gritos del mar suenan a muerte. Salto por la ventana e intento llegar a la arena. El viento me impide alzar la cabeza y moverme con facilidad. Pero allí esta ella. Su pelo se revuelve con el viento. Apoyo mi mano sobre su hombro mientras le digo: "Mar, perdóname". Ella se gira y me sonríe. Me da la mano y la acompaño hacia el interior del alocado mar. Doy un paso
y
el
tabu
rete
sueco
cede.
(Este relato nace de la noche, del estado de ánimo y de la canción "Forgiven" de Within Temptation. Os dejo enlace)
"En ocasiones me gustaría dejar de matar, pero no puedo. Va con mi manera de ser. Soy así" se dice pensativa.
"Me encanta esperar agazapada en los hospitales, en las unidades de curas intensivas, dónde todo se balancea entre la vida y yo misma".
"Observar sus caras cuando me ven, sin que los demás los sepan. Sentir su respiración y su sonrisa. Acercarme a su sensación de bienestar, justo antes de que les toque con el hueso de mi dedo corazón".
"Ver con ellos su futuro, acogerlos definitivamente en mi seno y protegerlos con mi capa oscura. Ver como sus ojos se cierran o son cerrados. Como las pestañas acaban con mi reflejo y reposan unidas para siempre".
"Ser la muerte es una gran responsabilidad. Es salvar al mundo, aunque mucha gente no pueda entenderlo. Salvo África cada segundo de mi paso por allí. En el resto del mundo mi función es distinta, muchos me acogen sin yo estar advertida; otros simplemente se dejan seducir. El resto se encontraban en mi lista diaria".
"Es duro ser la muerte pero es lo que soy y sé que no podré cambiar. Cuando se lleva tanto tiempo comportándote igual, es difícil hacerlo. Incluso para mí" finaliza resignada.
(Este texto surge de la canción de James "Sometimes". Os dejo el enlace).