miércoles, 24 de octubre de 2012

Lágrimas al alba

Se acercan fechas que se confunden con el tiempo y con la memoria. Casi con el alma. La miro y pienso si recordará el momento en el que nos conocimos, el momento en que nos besamos, con miedo, la primera vez. Si recuperó aquel tembloroso sabor, con otros besos posteriores. Mis lágrimas caen sobre rosas apagadas, que por un instante resplandecen de color. Sé que ya no volverá a recordar. Sé que sueño un imposible. Algo que en algún momento fue pero ahora es ceniza dispersada por el viento. Me pregunto si llegó a amar a otros, como me llegó a amar a mí. Nunca lo quise imaginar. Sólo los detalles me lo dirán. Me derrumbo delante de ella. Las espinas de las rosas se clavan en mi pecho y siento el fluir de la sangre hacia el exterior. Los pétalos de las rosas se desploman con mi cuerpo y escucho el aullido del viento. El tronar de las piedras pisadas. El grito de la grieta en la piedra. Ella me mira fríamente mientras me desplomo por el peso de mis sollozos, mientras el cielo retira su traje diario y dibuja una sonrisa de estrellada luz.

                                                                  AURORA   
                         (1634-2012)                                      
                      NO CONSIGO OLVIDARTE

(En momentos como el de hoy, sólo surgen cosas así. Espero que os guste. La canción es de After Forever y se llama "Cry with a Smile")


       
                                                         

miércoles, 10 de octubre de 2012

La decisión aceptada

La soledad me envuelve y dirige mis pasos. Obedezco sin rechistar. Ya no tengo nada más que perder. Sólo mi vida y eso, cuando bailas con ella durante años, ya no tiene importancia. Me indica que vaya a la cocina, que abra el cajón de los cubiertos y escoja un cuchillo. Los miro a todos y, de repente, casi sin quererlo, los veo de otra manera. Ya no son simples cubiertos, son elecciones para morir. La soledad me aprieta, me pide rapidez y decisión. ¡Con la de años que hemos pasado juntos, parece que no me conoce! Escojo el mediano de una colección de cuchillos japoneses. Recuerdo su precio irrisorio y del periódico que los promocionaba. ¿Apareceré en su página de sucesos? La propia soledad me contesta con contundencia y la posible fantasía viaja a mi subconsciente más escondido. Ella me dirige al baño y sigo sus indicaciones como haría un autómata al apretarse el botón del play. Suena el teléfono. Me distraigo por un momento pero decido dejarlo sonar. "Apresúrate" me dice la soledad. "Todo puede irse al traste si no tomas la decisión aceptada". No tengo nada que decir, mientras sigue aullando el teléfono. En el baño, delante del vaho del espejo, con el sonido del agua caliente llenando la pica, trazo un corte vertical sobre mis muñecas. De ellos, surge sangre que se diluye en el agua. Siento la sonrisa de la soledad a mi espalda y, por un breve instante, creo ver su sombra en el espejo.
    Antes de fallecer, veo gotas de sangre que se elevan con el vapor del agua y manchan el espejo y mi alrededor. Lo último que escucho es un "te quiero" que surge del altavoz del contestador. ¡Mierda, la vida me ha vuelto a engañar! Y ya no puedo recordar nada más que la última acaricia de la soledad en mí.

(Este texto surge de la canción de Gothye "Somebody That I used to Know". Os dejo enlace).


jueves, 27 de septiembre de 2012

Besos soñados

Hay besos que evocan historias. Hay besos que desaparecen al rozar los labios. Hay besos que jamás existieron y sólo fueron imaginados alguna vez. Hay besos inolvidables, despreciables y ya sabidos. Pero no hay ningún beso como aquel que no esperas.

(Un pequeño sueño que se repetía y repetía. Espero que os guste).

viernes, 31 de agosto de 2012

Primavera

Escucho el sonido y las palabras de una discusión lejana. Observo la ausencia de los sentimientos que antaño los unía y su brusco descenso al suelo. Imagino el desgarro que supone la ruptura, el desaliento que deja su roto. Veo las lágrimas que la escena dibuja en mi mente. La calle dormida se despierta brusca e inesperadamente por culpa de un desamor, de una decisión no compartida. Nada es y será como antes. Luces emergen de las ventanas dormidas. Persianas expresan su despertar repentino. Y los ojos miran. Pero los de ellos no. Nublados por las lágrimas del olvido, su visión no deja de ser como el vapor de agua de una cascada, como la tormenta cuando golpea el cristal del coche. La discusión avanza hacia el reproche, hacia el pasado, desnudándolo sin poder volver atrás. Sin salvar aquello que quedaba resguardado por el amor. Las sílabas se enredan entre ventanas abiertas, entre camas dormidas y ojos que parecen cuadros colgados en una galería de arte. Nadie silva, pidiendo silencio. Todos escuchan lo que el sonido de aquellas palabras dicen. Y saben que aquellas palabras manchan sus corazones, inundan sus almas y que les recuerdan a su pasado, al presente y, porqué no, a algún futuro. Por eso escuchan y no actúan. Por eso se mantienen despiertos a la espera de que todo acabe, de que llegue un final, el final, su final.
   Un grito, parecido al de la muerte, cruza la vida y la destruye. Entonces todos volvemos a nuestros sueños, pesadillas o lo que estuviéramos haciendo cuando la discusión nos desveló. Una ambulancia cruza la muerte y se detiene. Nada es lo que parece hasta que lo ves, ni siquiera el desamor.

(Este texto surge de una noche de insomnio y de la canción "La Primavera" de Estopa. Os dejo enlace)



lunes, 6 de agosto de 2012

Ariel

Vacaciones y el rumor del mar, me transportan al invierno. La roca me sustenta por encima del agua, aunque no me libra de ella, al rasgarse en minúsculas gotas saladas. Anochece y, en poco tiempo, la luz del faro jugará con la oscuridad y el mar. Mis piernas acarician al vacío. Me guarecen historias y leyendas que hablan de ausencias, de tiempos que no han pasado y de lugares que sólo la imaginación ha visitado. El horizonte sigue su pugna con la libertad, mientras pienso en la realidad que me encontraré a mis espaldas, cuando me levante y tenga que enfrentarme a la noche una vez más. Ariel llega a mi memoria, compartiendo recuerdos y cartas con él, el gran ausente. Fue en invierno cuando decidió dejar de escribirme. Fue en invierno cuando dio carpetazo a nuestra historia. Y ahora sólo resta la añoranza de algo que no fue. Pero en mi interior, guardo un recuerdo suyo, que crece por segundos y me une a él. Y eso, nadie me lo va a quitar.

  (Este pequeño texto surge de la canción de Alizée "Moi Lolita". Os dejo en enlace. Espero que os diga algo)


viernes, 3 de agosto de 2012

La isla

"Existe una isla, en algún lugar, que viene y va. A veces desaparece y en otras, permanece durante un tiempo frente a tí. En esas ocasiones sientes la necesidad de cruzar el mar y volver a ella, a los recuerdos, a la forma de vida, a tus orígenes. En otras, prefieres quedarte dónde y cómo estás. Y observas como la isla se aleja hasta que no la ves y no sabes cuando volverá. Pero siempre regresa, esa es su única certeza. A ciertas edades, la necesidad de estar en ella, se hace más fuerte y son más numerosas sus presencias que no sus ausencias. Todo y esto, has de tener mucho valor para volver a pisarla, ya que nada es como cuando la abandonaste la primera vez. A veces, me recuerda al primer amor, a su aroma. Pero eso, es otra historia, Caro".


(Un simple recuerdo. Espero que os guste. La canción que la ha recordado ha sido "La isla bonita" de Madonna. Aquí os dejo el enlace)



jueves, 12 de julio de 2012

Carta de amor


No sé si volver a hablar de mí o de tí.Incluso de nosotros. Te escribo esta carta porqué sé que es la única manera que no haya malinterpretaciones, que no existan palabras incorrectas. Es la única manera de hacerme entender, de sentirme escuchado. Tal vez lo que tenga que explicar no sea importante para tí – ni siquiera sé si lo es para mí -. Lo que es seguro es que lo es para los dos. Sabes que te quiero que siempre te he querido pero ha llegado el momento de huir, de alejarme del dolor que me causa estar a tu lado. Mi dolor no es negativo, no es el dolor que se vive en un hospital, ni siquiera es el dolor del desencanto. Es el dolor de no poder quererte más, sin hacerte daño. Es quererte demasiado, tanto, que no quiero hacerte daño. Ni hacernos daño. A mi, me da igual todo, ya sabes que siempre ha sido mi frase favorita. Me voy, huyo de aquí. Ahora que sé que jamás podré cumplir los sueños que siempre quise realizar. Ahora que sé que no tengo nada, ya que todo lo dejo aquí, contigo. Huyo hacia no se sabe dónde, tal vez Barcelona, tal vez un pueblo perdido en medio de la montaña, tal vez un cementerio, ya sabes que siempre me gustaron y me ayudaron a sentirme mejor conmigo mismo e incluso más relajado. Lo siento de verdad. Es la última vez que me lo vas a oir (en este caso leer). Lo siento de verdad. Puede quedar muy cobarde. No te voy a desmentir en esto. Puede parecer que me haya derrotado antes de tiempo. No te lo voy a negar. Que debería seguir a tu lado pero entonces estaríamos viviendo una fantasía. Tu ya no me admiras como antes, sólo de vez en cuando. Ya no sonríes con aquellas bromas que antes te hacían reir. No hablas conmigo de aquello que te preocupa, parece que esperes que siempre tenga que adivinarlo y la magia, el arte de la adivinación, nunca han sido mi fuerte. Siempre he necesitado estudiar, observar, reflexionar para actuar. Nunca he sido intuitivo, nunca he podido ser rápido. Siempre he sido demasiado literal. He soñado mucho, he deseado bastante pero en la vida, en aquello en que somos algo, he sido demasiado literal y poco soñador. Lo siento de verdad. Me hubiera gustado ser un buen príncipe azul, alguien que no se convirtiera en rana de repente y que no necesitara preguntarte tres veces la misma cosa. Que deseara un beso tuyo cada mañana. Lo siento de nuevo. Sé que no es el momento pero creo que es lo mejor para los dos. Podrás salir adelante, siempre lo has hecho. Yo, soy otro cantar. Ya veremos que sucede. Nada bueno, seguro. Me alejaré de lo terrenal y viviré entre fantasías que jamás se harán realidad. Y así moriré, porqué sin tí, sin tu presencia a mi lado, sólo puedo desear una cosa. Y es esa. No hay ninguna más. La muerte. La última morada. Es la única acogida que me resta, cuando desaparezca de tu lado y hayas empezado a leer las primeras líneas de esta carta. Recuerda que siempre te he querido. Incluso ahora.

(Un ejercicio más. En este caso al amor incomprendido, aquel que no se entiende y desaparece poco a poco, como los granos descienden en un reloj de arena)